Recuerdos

¿Cuántas veces habremos escuchado a alguien decir: “Disfruta de la vida que al final solo nos quedan los recuerdos y las experiencias”? Pues muchas veces, ni eso. Hace dos años diagnosticaron a mi abuelo de Alzheimer, un trastorno cerebral que lentamente destruye la memoria. Aunque al principio se olvidaba de dónde había dejado las gafas, te preguntaba varias veces si querías merendar o no sabía muy bien el día en el que vivía… La enfermedad fue avanzando, y en su caso, bastante rápido. Pronto se vio en una etapa de demencia avanzada, no podías mantener una conversación con él porque dejaba inacabadas las frases, le costaba realizar cualquier tipo de tarea básica, y hasta dejó de reconocer su entorno más cercano y a las personas que le rodeábamos. En ese momento, sus recuerdos estaban muy limitados a acontecimientos antiguos que poco a poco parecían irse esfumando. Aquí, donde muchos veréis un corazón mal dibujado, yo veo un cachito de papel con un gran valor. Este dibujo me lo dio uno de los últimos días que pudo reconocerme y sus palabras fueron “Toma, por si en algún momento a mí se me olvida, para que tú sí que recuerdes que te quiero mucho”. Mi abuelo falleció este verano, pero desde aquel día, siento que de alguna manera me acompaña, pues siempre llevo conmigo ese trocito de papel.