Mi lugar seguro

Como podréis deducir de la imagen, este es mi peluche irremplazable de la infancia. No recuerdo desde cuando lo tengo, ni por qué pasó a ser mi favorito, pudo ser la textura, la sensación, el momento en el que me lo dieron… supongo que un conjunto de todas. De pequeña, mis padres trabajaban ciertos días de noche, por lo que pasaba muchas noches durmiendo con mi abuela. Este peluche me acompañaba en esos paseos andando a su casa, con la cabeza asomando por un lateral de mi mochila “para que pudiese respirar” y más tarde, pasaba a formar parte de la nueva cama. Era mi apoyo nocturno más grande, no solo mentalmente, sino también de manera literal, ya que era una extensión de mi almohada, estaba siembre debajo de mi barbilla, sujetándome parte de la cabeza. Esta vaca sin nombre fue determinante de muchas elecciones en mi infancia, ya que la sensación de seguridad que me transmitía desembocó en un especial gusto por todo lo relacionado con las vacas, obtuve souvenirs, un bolso, un cojín, una hucha, etc., todo ello con forma o estampado de vaca. Por un tiempo, el cojín pudo llegar a sustituir al peluche, supongo que por su semejante función durante las noches, pero a día de hoy puedo confirmar que nunca ningún objeto pudo remplazarla. Actualmente permanece guardada en una caja al fondo del armario, por miedo al deterioro, pero no descarto que algún día vuelva a estar sobre mi cama, ya que al sacarla para hacerle la foto lo primero que he hecho ha sido abrazarla y olerla, como en los viejos tiempos. Hasta hace pocos años, este peluche es lo que se me aparecía en la mente cada vez que pensaba, ¿qué cogería si se quemara mi casa? Y a día de hoy, es lo único que se me ha venido a la mente cuando he tenido que escribir sobre mi patrimonio personal.