Entre recuerdos y despedidas
Ayer, tía, partiste… Y con tu partida llegaron los silencios, los recuerdos que se esconden en los rincones de la memoria: mi niñez, tu historia de vida, los momentos que compartimos y que ya no volverán. Tengo tu rostro en la mente, la imagen de tu despedida, y en ella se cruzan los tiempos perdidos por la distancia, las decisiones y los pesares de ayer. Veo a mi madre, a tus hijos y a tus nietos, todos unidos en el dolor, todos dejando que las lágrimas hablen por el corazón. Tu hija, tu soporte y compañía, te despide desde la distancia, contemplando tu ataúd a través de la pantalla, mientras tus nietos hacen lo mismo, sintiendo que la ausencia pesa en el alma. Pero incluso en el duelo, permanece lo intangible: tu amor, tu memoria, tu legado, que seguirán habitando en nosotros, en nuestras historias y en cada recuerdo que conservamos.
