Ellos nos visitan

En la tradición familiar, el día 27 de octubre acostumbramos a poner un pequeño altar para nuestros pequeños compañeros que alguna vez convivieron con nosotros y que partieron a otro plano. Disfrutamos de poner este pequeño altar, porque al mismo tiempo que hacemos los preparativos, comenzamos a platicar anécdotas de todos ellos, de sus travesuras, de sus gustos, de sus actitudes, etc. y lo hacemos de todos y cada uno de ellos, y lo vamos haciendo mientras ponemos en el altar el cromo que tiene su nombre, ya que cada cromo muestra su nombre y si era perro o gato. En particular conservamos las cenizas de una gatita muy querida, la más reciente perdida, la cual cremamos y guardamos sus cenizas, justamente para ponerla en el centro de este pequeño altar que guarda recuerdos… nombrar lo que se ha ido es una manera de traerlo al presente y perpetuarlo en la memoria para que no sean olvidados. Es un momento de convivencia familiar y de compartir recuerdos de aquellos que alguna vez formaron parte de nuestra cotidianeidad, y que queremos que sigan presentes, aunque hayan partido.