Nihil volitum nisi praecognitum
Las paredes de las tierras de mis abuelos son mi patrimonio porque representan el trabajo, el esfuerzo y la dedicación de toda una vida al campo. Recuerdo, como si fuera ayer, a mi abuelo colocando piedra a piedra en una pared todavía por hacer. Yo veía como las seleccionaba de un montón que tenía en el suelo, a veces las cogía puntiguadas, otras más redonditas y, finalmente, escogía losas para tapar los huecos. Yo le miraba porque admiraba su concentración y él me devolvía la mirada sonriendo y orgulloso de lo que estaba haciendo, porque, creo, que sabía que me estaba enseñando algo. Cuando viajé a Menorca me di cuenta del valor que le daban a sus barreras de madera y a sus paredes secas, eran el preludio de algo bello y cuidado. Me acordé inmediatamente de mi abuelo y de aquellas tardes que pasaba buscando la sombra para poder hacer aquellas paredes sin argamasa; pensé que también eran el preludio y el recuerdo de algo bello y cuidado, de algo muy importante para mí, de mi patrimonio.
