Lanitas
Este osito de peluche me lo regalaron mis padres cuando tenía tres añitos. Han pasado ya muchos años desde que sucedió; no recuerdo el momento exacto, pero lo que sí recuerdo es que, desde entonces y hasta hace pocos años, nunca he dormido del todo sola. Él siempre estaba ahí. Se llama Lanitas. Su nombre puede parecer extraño, pero para mí tiene algo especial. Su pelo suave, su sonrisa cosida y su lacito marrón han sido testigos de muchas etapas de mi vida. Ahora ya no duerme conmigo, pero sigue colocado en mi habitación. Cada vez que lo miro, no veo solo un osito; veo momentos que ya no volverán, pero que siguen de alguna manera dentro de lo que aparentemente puede parecer un simple peluche. Para mí, Lanitas no solo es un osito, sino una parte de mi historia que todavía puedo abrazar.
