La cadena de los recuerdos

Esta cadena con medallón de oro es uno de los tesoros más preciados de mi patrimonio personal. Mi abuela materna me la regaló el día de mi bautizo, cuando era un bebé. Es una pieza sencilla: una cadena fina de oro brillante con un medallón redondo grabado, y la llevo cerca del corazón casi todos los días. No fue un regalo exclusivo para mí. Antes, le había regalado una igual a mi hermana mayor en su bautizo; después, a mi hermano pequeño, completando así un gesto de amor que abarcaba a todos sus nietos. Como una gran muestra de cariño, mi abuela repartía estos hilos dorados como si estuviera tejiendo un lazo invisible entre nosotros, un recordatorio permanente de su presencia en nuestras vidas. Ella, que siempre olía a hogar, nos dejó hace más dos años. Desde entonces, esta cadena ha ganado un valor diferente. Cada vez que la toco, me acuerdo de sus consejos tranquilos y de cómo nos cuidaba. No es solo una joya de oro; es un pedacito de su alma que llevo conmigo y que comparto con mis hermanos; es un recuerdo vivo de su amor que nos recuerda de dónde venimos y quiénes somos.