Un pedazo de mi historia
A simple vista, cualquiera diría que es una cadena de oro con un Cristo normal y corriente, como hay muchas. Pero para mí es distinta. Fue el regalo que me hizo mi abuela por mi Primera Comunión, y por eso tiene un valor que no se paga con dinero. Me acuerdo mucho de ese día, con toda la familia junta celebrándolo. Ahora, cuando abro la caja y la cojo, más que el tacto frío del metal, lo que siento es el recuerdo de aquel momento y el cariño de los míos. Es de esas pocas cosas que guardaría pase lo que pase, porque tenerla en la mano es como conectar con una parte importante de mi historia y de dónde vengo.
