El flamenco
A veces no encontramos palabras para poder contar la historia que llevamos dentro, pero sí hay canciones y sí hay arte. El flamenco vive en mis pasos, en el compás que me acompaña desde siempre, en cada latido que se adelanta al taconeo y en cada escalofriante aplauso del público. Estos zapatos no son solo tela y clavos: son herencia, son memoria, son horas de ensayo, amistades, fuerza y sentimiento. El flamenco forma parte de mi patrimonio personal, de lo que soy y de lo que llevo conmigo aunque cambie de escenario. Cada vez que piso el suelo con ellos, honro mi pasado, abrazo mi presente y dejo huella para el futuro. Porque hay tradiciones que no se guardan: se bailan.
