Mi huella deportiva

Lo que se ve en esta imagen, podría parecer simple equipamiento deportivo: una bota desgastada, un trofeo, una camiseta y una medalla. Sin embargo, para mí, este conjunto de objetos es el mapa de mi propia vida. Es la prueba de que mi identidad siempre ha estado ligada a ese rectángulo verde y a un balón. Mi historia con el fútbol empezó casi antes de que tuviera recuerdos claros, a los 4 años. Desde entonces, el campo fue mi refugio. En el colegio, siempre era esa «niña rara», la única que no se perdía ni un solo partido en el recreo, igual que me pasaba en mi barrio. Algunas veces esos comentarios me afectaban demasiado, pero no podía dejar de hacer lo que más me gustaba por culpa de unos comentarios. Para mí, no había otro plan mejor que jugar al fútbol, ya fuese en el recreo, en el barrio o en el campo. Sin embargo, a los 10 años tenía algunos problemas en la rodilla y tuve que dejarlo. Fue un golpe durísimo separarme de lo que más amaba. Sin embargo, esa medalla brilla con luz propia en esta foto. No es un metal cualquiera, representa un torneo inolvidable donde nos enfrentamos a los mejores equipos. Llegar a esa final y saber que di mi mejor versión en cada jugada es un recuerdo que guardaré siempre al igual que esa medalla. Este año, por fin, he vuelto. He regresado al túnel de vestuarios y a la adrenalina de la competición. Estos objetos no son solo trofeos del pasado, sino el motor de mi presente. Mi huella deportiva no se mide por los goles, sino por la fuerza de haberme levantado para regresar a mi lugar: el fútbol.