Mi historia dentro de la historia

Todos, en algún momento de la vida, nos vemos obligados a dar un paso adelante y a decidir qué queremos ser. Da igual que no lo sepamos, que no estemos preparados o que sintamos que no es el momento. A veces, no hay alternativa, simplemente es lo que se espera de nosotros. En mi caso, a los 18 años, comencé los estudios en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, casi a la desesperada, sin saber muy bien si era lo correcto. Empecé dibujando, pintando, leyendo, visitando museos, haciendo exposiciones… hasta que un día me di cuenta de que, por una vez, había acertado de lleno. Descubrí una pasión que no sabía que tenía. No paraba de leer y de estudiar, me interesaba y quería saber más; sin embargo, había algo que me interesaba por encima de todo lo demás. Lo supe un día que mi profesora de “Gestión del Patrimonio Cultural” dijo: “Haced un trabajo sobre aquello que consideréis que es para vosotros Patrimonio”. Y lo comprendí al instante. Mi pueblo. Mi casa. Mis abuelos. Mis raíces. Es un lugar al que pertenezco, incluso cuando no me siento parte de él.

Allí, desde pequeña, había escuchado una historia: los Reyes Católicos, en uno de sus viajes por el Reino, debido a una indisposición de la reina Isabel, tuvieron que detenerse allí, en el pueblo, y, como agradecimiento por el trato recibido, concedieron a sus habitantes un privilegio que les eximía del servicio militar. Durante años, esta historia fue para mí una leyenda más, algo que se contaba sin saber muy bien si había ocurrido, incluso me habían hablado de un “libro de oro”, y, mientras tanto, en mi cabeza siempre había rondado la pregunta: ¿sería verdad? Sentía que ese era el momento, tenía los recursos, las habilidades y la excusa perfecta. Iba a averiguarlo. Quería entender, comprobar, descubrir qué había detrás de ese relato. Me obsesioné con ello. Investigué, busqué, tiré del hilo… hasta llegar al fondo de la historia. Ese trabajo fue realizado en el primer año de carrera y ya no pude desprenderme de él, así que seguí trabajando en ello durante los tres años siguientes.

Ese proceso se convirtió en mi Trabajo de Fin de Grado, pero fue mucho más que eso. No solo me permitió obtener mi título, sino que me dio la oportunidad de devolver esa historia a mi pueblo. Hasta ese momento, todos la conocían como yo, como una especie de relato a medio camino entre la tradición y la duda. Pero, a partir de ese momento, esa historia pasó a ser conocida, compartida y comprendida por todos como parte real de nuestro pasado. Un año después, el Ayuntamiento organizó una charla en la que pude contar la historia, se despertó el interés de la comunidad, llegó incluso a la Diputación y terminó en una publicación editorial. Para mí, la mayor satisfacción es saber que planté una pequeña semilla y que hoy, en mi pueblo, todos conocen la historia de cómo los Reyes Católicos visitaron Villaverde de Guareña en el año 1480.