Donde la tradición se lleva sobre hombros.

El Santo Cristo de la Paz y el Santo Cristo de los Afligidos de Medina de Rioseco no solo son tallas de madera, sino que forman parte de la historia y de la tradición. Son imágenes que forman parte de nuestra historia y para nosotros, los cofrades es un sentimiento que nos cuesta expresar, el sentimiento cuando por primera vez te nombran en la junta para portar el santo paso, cuando escuchas los sonidos de las horquillas al ritmo de la música, donde pasas a escasos centímetros de los balcones de la Rúa Mayor o cuando ves a tu familia llorando porque al fin está consiguiendo el sueño que desde niño quería cumplir y que, cuando por fin llega ese momento, no te salen las palabras. Cuando te encuentras en el dintel de Santa María, levantas la cabeza y ves la cruz pasar a centímetros solo puedes pensar en aguantar por la familia que te está viendo y por la que desgraciadamente, no te puede ver. Esas lágrimas de una madre al ver a su hijo vestido con su túnica blanca y su cordón morado. Cada paso que das con la madera en tu hombro, cada abrazo con tu familia y amigos, cada mirada al Cristo de la Paz pidiéndole poder cargar su peso de nuevo, todo ello es difícil de expresar. Un fragmento de una escritura de Unamuno después de su visita en la Semana Santa de 1932 define perfectamente el sentimiento y la tradición: «Era la misma procesión de antaño. El anciano cree ver la que vio de niño, y el niño, aún sin darse de ello cuenta, espera ver la misma cuando llegue a anciano, si llega…».