Lo que no puedes ver
Si tuviera que elegir algo que representara mi patrimonio, nunca podría responder a esa pregunta. Siempre he sido muy indecisa, nunca he querido mojarme con mis cosas favoritas, no he querido definirlas porque son volátiles. Si tengo que elegir algo tangible podría decir que el peluche que me regalaron mis abuelos cuando nací, la casa donde pasaba todas las tardes viendo la tele o jugando con mi abuelo, el campo donde pasábamos las tardes de finales de verano haciendo tomate, los pasteles que me regaló mi tío cuando no sabía ni caminar… Todos esos objetos y lugares tienen algo en común: su verdadero valor reside en mis recuerdos. No son todas esas cosas en sí, sino la huella que se encuentran siempre en mi mente y que cuando les echo de menos se que siempre están a mi alcance. Estas cosas no solo son algo que me haga recordarles o me haga sentirles más cerca, son parte de lo que soy y de lo que seré, y que con el tiempo espero poder transmitir con el mismo amor que ellos me lo entregaron a mi.
