IMPASIBLE

Pasó décadas vigilante en una esquina de la casa de oficiales del cuartel de Farnesio en Valladolid. Allí vio pasar glorias efímeras, y con el tiempo, la soledad y el abandono se fue su compañía, pues ya es tan sólo un recuerdo.

La mirada serena, la pose rígida, las manos sujetando la espada, un pie siempre adelantado, presto a la marcha. Por encima de todo es un recuerdo de tiempos mejores. Quien talló esta escultura, lo hizo pensando en las penalidades de los soldados. En las guardias, el deseo es permanecer a resguardo sobre un piso bien seco y firme. La escultura destaca por el tejadillo, sobredimensionado para cubrir toda la figura, que posa los pies sobre un sólido soporte, y además bien guarecida en una hornacina.