ERMITA AL ATARDECER
Durante siglos, vio pasar cabañas de ganado ovino sin fin; en marzo rumbo a la montaña de Palencia, en septiembre camino al Sur, a las dehesas extremeñas. Siempre fiel testigo del paso por la cañadas de ese ganado trashumante que creaba riquezas. Hoy tan sólo mudo, testigo de amaneceres y atardeceres, y de la fiesta de San Roque en agosto, momento de reunión de los pueblos la zona, desde Fresno de la Vega, a Pino del Río y Acera de la Vega. Décadas atrás refugio para la oración de pastores, cercanos ya a su destino; apenas un hito en el camino: dos ventanucos, una puerta y una cruz es cuanto necesitaron los constructores para marcar el territorio. Hoy es triste recuerdo de lo que fueron momentos de gloria.
