No es sólo un caballo de madera

A pesar de ser sólo un caballo de madera, para mí es mucho más. Me recuerda a días y días, en que mi abuelo se subía de la oficina sus piezas de madera para lijarlas horas y horas mientras veía la tele o miraba por la ventana a la terraza, y cómo mi abuela se enfadaba porque todo el salón se llenaba de polvo y serrín, así un día y otro día, y otro… Le decía que iba a tirar coches, carros, caballos… todo lo que fuera. Él decía… nada, y seguía lijando. Y a la mañana siguiente él volvía a bajar a su oficina, y ella se quedaba en casa, hasta que él subía a comer, pertrechado de nuevo con más figuritas de madera de formas apenas intuidas y que poco a poco cobraban vida en nuevos caballos, coches, etc… y según cobraban forma, de nuevo el salón se llenaba de nuevo de serrín y polvo, y mi abuela volvía de nuevo a la carga con sus amenazas. Incumplidas una vez más. Hoy al recordarlo sonrío, aunque al verlos discutir, a su manera, me hacía gracia. Estuvieron más de 70 años juntos, (¡quién los pillara!) a pesar de caballos y serrines. Quizás no fuera exactamente así. A veces la memoria y el recuerdo nos juega esas pequeñas malas pasadas… o no tan malas. Pero en cualquier caso, la infancia siempre forma parte de un patrimonio, real o inventado, que nos pertenece sólo a cada uno de nosotros.