La Muchosidad heredada del Sombrerero

Este objeto podría parecer una simple miniatura, pero para mí es una presencia. Es el Sombrerero de Alicia en el País de las Maravillas, inspirado en la versión de Johnny Depp, y llegó a mis manos como un regalo indirecto de mi tío quien fue como otro padre, llego hace unos años, en un momento que mi tío y yo por el curso natural que tiene la vida ya no podíamos compartir conversaciones, risas y silencios nuevos… Desde siempre, él y yo jugábamos con la idea de que éramos el Sombrerero y Alicia. No como personajes, sino como formas de estar en el mundo. Él me enseñó sin dar discursos largos, que la «muchosidad» no es algo extraño, sino una manera honesta de existir.

Que tener gustos distintos o peculiares a los demás no es algo que se deba corregir, sino una identidad que se cuida. Que no siempre hay que encajar, y que a veces es mejor ser «raro» que invisible. Hoy, que él ya no está, este objeto se ha convertido en una forma tangible de su ausencia y, al mismo tiempo, de su compañía. Me acompañó desde Tijuana, México hasta España; lo traje conmigo como quien guarda algo frágil y valioso. En los momentos en que quisiera llamarlo y contarle lo que vivo en el lugar que él tanto me animó a conocer (porque también era su sueño), este pequeño sombrerero se vuelve un lugar de diálogo silencioso.

No hay llamadas al cielo, pero sí memorias que pueden seguir hablando. Este preciado objeto es mi patrimonio personal porque guarda una historia, un sin número de enseñanzas y un vínculo poderoso. No representa solo a un personaje, sino a una persona que me enseñó a no apagar lo que soy. Mientras exista este Sombrerero, él también sigue estando un poco aquí.