Mucho más que baloncesto

Mi patrimonio se reduce a un balón de baloncesto que tengo desde que empecé en este deporte, pero se resume en las experiencias, las canchas y las personas con las que las he compartido. Empecé desde muy pequeña con el regalo que me hicieron mis padres, un balón de baloncesto. No sabía a dónde me llevaría este deporte, y por el camino encontré mucho más que un solo deporte. Encontré amistades, entrenadores, risas, derrotas que unieron y victorias que nos hicieron sentir invencibles. Lo que personalmente me ha marcado más y considero patrimonio a nivel personal es: el sonido del balón botando contra el parqué, el corazón acelerado antes de un partido, la adrenalina y esa felicidad pura que solo sentía al jugar, como si los entrenamientos fueran lo mejor de cada día.

En esas canchas conocí a mis mejores amigas, personas que se convirtieron en mi familia y ambientes en los que siempre supe que pertenecía. El baloncesto me enseñó a vivir el momento, a disfrutar cada segundo como si fuera único, a no tener miedo a intentarlo, a confiar en los demás y en mí misma. Hoy, todo lo que soy lleva un poco de esas tardes jugando por horas, de esos equipos y de esas personas que me han marcado tanto. Porque más allá de los partidos, el baloncesto me regaló recuerdos, aprendizajes y una forma de vivir. Gracias a ello he podido ser una entrenadora de baloncesto para poder seguir construyendo a más equipos con los mismos valores y la misma ilusión de siempre, devolviendo a otros todo lo que este deporte me regaló.