Un dibujo especial

Esto puede parecer un simple dibujo, pero para mí representa algo mucho más grande. Todo comenzó cuando tenía 13 años y cursaba segundo de la ESO. En mi colegio propusieron un intercambio a Francia, y durante una semana debía vivir con una familia que me asignara el colegio. Sinceramente, fue una de las mejores experiencias de mi vida. Allí conocí a Amandine, la chica que me acogió en su casa, una chica alegre y con muchas ganas de enseñarme su ciudad. Tenía dos hermanas, una mayor y una pequeña llamada Félicie, que tenía cuatro años. Cada vez que volvía a casa después de las excursiones del colegio, ella me recibía con un abrazo. Tenía tantas ganas de verla que las horas con ella se me pasaban volando.

Pasábamos los días riéndonos. Por las noches le contaba cuentos y por las mañanas jugábamos en el parque de su casa. Félicie se convirtió en una hermana pequeña para mí, alguien que sentía parte de mi familia. Nuestra amistad no necesitaba una comunicación perfecta, ya que cada una hablaba un idioma, sino que nosotras nos entendíamos con gestos, risas y miradas. La primera noche que llegué, me entregó este dibujo. Para cualquiera sería solo un dibujo de una niña pequeña, pero para mí era un regalo especial que se había hecho con todo el cariño. Nuestra despedida fue el momento más duro.

Toda la familia sabía que yo volvería a España, pero Félicie no lo entendía hasta que su madre se lo dijo el último día, y rompió a llorar. Esa noche dormimos en la misma habitación, y a la mañana siguiente me vino a despedir a la puerta de su casa. Con el paso de los años perdí contacto con la familia, pero estoy segura de que volveré a verlos. Cada vez que miro aquel dibujo, siento que vuelvo a esa semana en Francia, donde me sentía como una hija más de la familia. Ese dibujo no es solo un recuerdo, sino que tiene una historia de mi infancia que siempre guardaré con cariño y nostalgia.