Una historia en blanco y negro

El 14 de mayo de 1965, mis dos abuelos, Mercedes y José, unieron su amor, lo que más tarde provocaría el crecimiento de una familia: mi familia. En la imagen, mis abuelos caminan juntos, probablemente nerviosos pero felices, saliendo de la ceremonia que uniría sus vidas para siempre. Este cuadro ha estado colgado en el pasillo de mi casa desde que tengo memoria y, siempre que lo veo, provoca ese mismo sentimiento de felicidad. Para mí no es una simple foto de boda, sino un recuerdo del amor y de los lazos tan bonitos que se han creado en mi familia. Este bien, a pesar de ser material, no tiene un valor físico, sino todo lo contrario: es una ventana al pasado que me permite poner imagen al día tan importante que mis abuelos me han contado mil veces. Es un recordatorio diario de esfuerzo, unión y de las personas que hicieron posible mi presente.