El patio de mis abuelos

Unas macetas con plantas, flores y árboles; un pequeño corral, un suelo de cemento y una pequeña caseta al fondo. El patio de mis abuelos representa mi infancia. Un lugar al que siempre quería regresar. Allí me he criado prácticamente desde que tengo memoria. Era uno de esos sitios donde todo desaparecía y, de pronto, me convertía en médica, en madre de dos hijos, en veterinaria, en cajera de supermercado, en jugadora profesional de baloncesto, en ciclista… Me acuerdo que me pasaba horas jugando, metida en mi propio universo, a veces acomompañada de mi hermano pequeño. Para mí era mi refugio, donde se cocinaban, y se cocinan, platos que para mi eran y son dignos de estrellas Michelin, cocinados, por su puesto, por la mejor chef mi abuela. En el patio de mis abuelos he aprendido a andar en bici y a saber los colores gracias a las pinzas de la ropa de mi abuela. Es donde transcurrían charlas interminables en las tardes de verano, siempre llenas de risas, anécdotas, historias pasadas; donde veía a mi abuelo siempre venir de la huerta y de vez en cuando, ponerse con la criba a separar alubias o a partir las judías verdes. Por todo esto y más, siempre es y será uno de los patrimonios más preciados que tengo, un lugar muy especial para mí lleno de recuerdos.