Un pedacito de ella
Mi perrita llegó a mi vida cuando yo tenía 10 años. Estuvo conmigo mientras yo crecía, en los momentos buenos y también en los malos, siempre estaba conmigo y muchas veces, sin saberlo, me ayudó muchísimo más de lo que podría explicar. Hace cuatro años me fui de casa para estudiar en otra ciudad y ella desgraciadamente no de pudo mudar conmigo por lo que se quedó con mis padres y yo empecé a verla solo los fines de semana o en vacaciones, por unas cosas u otras yo empecé a ir menos a casa y sin saberlo iba pasando el tiempo y nos íbamos viendo menos. Y entonces se fue. Se fue este verano, cuando yo menos me lo esperaba y, sinceramente, cuando más la necesitaba. Y lo que más me duele de todo es que ni siquiera pude despedirme de ella. No pude verla una última vez, abrazarla, acariciarla ni decirle que la quería. Por eso esta mantita significa tanto para mí. Ella dormía con ella, y ahora es una de las pocas cosas que todavía conservo y y que me recuerda directamente a ella. A veces la miro y me cuesta creer que ya no esté. Para mí, esta mantita guarda una parte de mi infancia, de mi casa, de mi familia y, sobre todo, de ella. Guarda todos esos años en los que la tuve a mi lado y todos los momentos que compartimos. Y si pudiera volver atrás, no cambiaría nada de esos años. Solo me gustaría haber sabido que aquella vez que la vi no sería una más, sino la última. Porque habría aprovechado cada segundo, la habría abrazado muchísimo más fuerte y le habría dado las gracias por haber estado conmigo desde que tenía 10 años. Ella se fue, pero todo lo que vivimos juntas se quedó conmigo. Y mientras conserve esta mantita, siento que todavía tengo un pequeño pedacito de ella.
